Foto por Gregory David Harington bajo una licencia Creative Commons
Pero los humanos no somos los únicos que tenemos estrés. Los materiales también sufren estrés, e igual que las personas, si este es excesivo la estructura se puede ir a... bueno que se desmonta cual objeto de teletienda.
Aunque, como en todo en esta vida hay grados. Siguiendo un poco con la analogía (personas materiales) el caso más extremo es en el que el material nos dice "hasta aquí hemos llegado ingeniero de..." y se rompe. Así que para que esto no pase, además de dimensionar correctamente la estructura según demanda se aplica un margen de seguridad. Es decir, que dado que no podemos predecir el futuro, hacemos la estructura más resistente de lo que debiera. Por ejemplo si nieva en una zona que no suele nevar, y la nieve sube 25 cm un tejado de 400 m^2 pasa a soportar casi 7 toneladas más de peso y seguramente durante la tempestad soplaría viento, así que tendría que soportar más estrés.
Sin ser tan extremistas. Todo material se deforma primero elásticamente y luego plásticamente antes de romper. En la fase elástica cuando desaparece la carga desaparece la deformación. En la plástica se deforma irreversiblemente. Los que no creáis que el acero (por ejemplo) se comporte así pensad en un muelle, esta hecho de acero, ¿no?, si lo estiráis se deforma y luego vuelve a su forma original, pero si os pasáis con el estirón se acabó el muelle, se queda como un alambre, y si seguís estirando lo romperéis.
Es curioso lo mucho que nos parecemos a los materiales, si la carga no es excesiva, la notamos pero cuando deja de existir nos recuperamos. Si es más grande, pueden quedar secuelas, y si es extrema puede acabar con nosotros. Tal vez deberíamos ponernos a nosotros mismos un margen de seguridad, por si nieva. ;-)
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